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junio 25, 2015

Cerro de los Santos.

Años de andar por las autopistas cruzando España de cabo a rabo, siempre con prisa, últimamente en el AVE, a gran velocidad y con esas ventanillas herméticas por las que no se huele el tomillo o el azar de los montes.
Teniendo que ir a Valencia por motivos que no vienen a cuento, decidí esta vez hacerlo despacio, a mi aire, para cumplir un sueño antiguo, pisar el “Cerro de los Santos”.

Desde niño he admirado a la Dama Oferente, en el viejo arqueológico de la Calle de Serrano, siempre me interesaron los íberos, también los celtas, los españoles de antes de la ocupación romana.....no es que yo reniegue de los romanos, que nos dieron idioma y civilización, pero trato de imaginar a esas tribus íberas con sus sencillas costumbres, el celo por su independencia, sus jerarquías y sus creencias.
Años comerciando con fenicios y griegos, que se llevan el aceite y el oro y nos dejan estatuillas y baratijas, ingenuos los íberos.
Supe yo de ese santuario desde muy joven, que me dio por leer prehistoria y ver las estampas de las cabecitas del cerro, que los íberos llevaban a modo de exvotos, pidiendo quien sabe que cosas a quien sabe que dioses, hasta que me di de bruces con la dama tan sugestiva, que la mirara durante años junto a la de Elche y la de Baza, hembras recias todas ellas.
Así pues, me pongo en camino hacia Valencia, despacio y por carreteras antiguas y reviradas, paso por Ronda y mas tarde dejo a la derecha la vega de Antequera, donde la Cueva de Menga, también prehistórica, mas antigua que los íberos.
Después de Granada, con la Sierra Nevada a la derecha, camino de Murcia hay muchas mas sierras, cuyo nombre desconozco, solitarias y majestuosas, sierras y mas sierras.
Al bajar a Murcia pongo en el “maps” Monte Alegre del Castillo, que el camino es complicado y no hay personal para preguntar.
La señorita del teléfono me guía por parajes solitarios, con viñas y bosquetes de pinos, valles y estepas, tarde ya adivino mi destino, que efectivamente esta en un monte, aunque no es alegre, además no veo yo castillo alguno.
Paro en un bar y los paisanos, que beben cerveza, me indican el camino al cerro que busco, tiene un obelisco, no tiene pierde.
Me apresuro, pues el sol se encamina ya hacia el ocaso, casi ya de solsticio. Al poco, por un carril estoy al pie del cerro de los santos.
Trato de imaginarme los ocho siglos en que fue un centro de veneración y ofrenda, se que tras la conquista, los romanos construyeron un templo, después con la cristianización, fue destruido.
Con el tiempo todo fue olvidado y sepultado, que el tiempo se traga todo.
A mediados del siglo XIX se taló un bosquete que existía sobre tan singular loma, con las lluvias y la escorrentía, se destaparon de forma espontánea las primeras esculturas, que pronto provocaron la rapiña de un relojero llamado Amat, del pueblo próximo sin castillo ni alegría.
Hubo gran comercio de exvotos e incluso falsificaciones, muchas fueron a Francia........ cosas de los hombres.
Al rato el sol enrojece los montes, a lo lejos, sigo sin sentir de lo sagrado del cerro, asciendo despacio hasta la cima, por el otro lado la ladera es muy abrupta, miro despacio el obelisco abajo y un paisaje abierto y muy agreste, con tesos y cadenas de colinas de mediana altura.
Es un sitio muy solitario, rodeado de barbechos pardos y viñedos, ahora muy verdes.
Por un momento pienso que se me va a revelar, el misterio de miles de antepasados que peregrinaron aquí con sus ofrendas, con las cenizas de sus deudos quizá.
Pienso en la Gran Dama Oferente durante cientos de años, sepultada bajo estos terrones, escuchó el mismo silencio y vio estos mismos atardeceres, verano tras verano.
Pronto se viene la penumbra y aparece el lucero, mientras bajo hacia el carril, pienso que con tanta viña los fieles tentarían un buen caldo, caldo para reconfortarse de las emociones místicas, así que decido hacer lo mismo poniéndome en camino, hacia Almansa.

Una ultima mirada me hace percibir la blandura única de la forma del cerro, lo suave de su contorno.

Percibo el tono blanquecino de la tierra frente al ocre del contorno, entre tanta arista y despeñadero, tanta planicie en la que se pierde la vista. 
Nunca sabremos el origen de la elección de este enclave como santuario, solo se conoce de los ocho siglos de ofrendas y oración, de la rapiña del relojero en el XIX y el abandono y la soledad que le esperan para el futuro, mientras la "Dama" reposa en el nuevo arqueológico de Serrano, aislada en una vitrina, sin calor, añorando estos horizontes lejanos y sagrados, bajo la mirada curiosa e indiferente de quienes nunca vendrán aquí, a este cerro misterioso.

junio 14, 2015

Los tíos y la tías.

Una llamada escueta, inesperada hace dos días, ha muerto la tía Mari-Carmen.
Años, muchos sin verla, es la ultima de lo que fue la familia de mi padre seis hermanos, mas una huérfana adoptada, la tía Sole.

El mayor, Manolo es solo un nombre, murió fusilado en Paracuellos, en una de las sacas de la Cárcel Modelo, un joven teniente de artillería, sin casar, buen jinete, que he visto yo fotos en blanco y negro de su estampa sobre el caballo, mucho escuché yo del tío Manolo, lastima de vida segada en esta península de gente enloquecida a veces.
Tío Anastasio, también militar, en esa familia se predicaba que los dos únicos oficios decentes eran la milicia o el sacerdocio, cosas de la época.
Llegó a coronel en la reserva, herido de guerra, se volvió muy beato y con su mujer la tía Mari, estaban a diario por las iglesias, de novenas y rosarios y cosas así, lo recuerdo de uniforme aunque no muy guerrero, quizá por influencia de la beatería. Serio y cordial, siempre preguntando por los estudios, no muy de caricias ni pellizcos en las mejillas, cosa que odian los niños.
Tía Nana (Antonia) y tía Lile (Matilde), solteras y siempre mayores, en su piso de la Calle Covarrubias con un perro pequinés que se llama Pocholo y ladra a los sobrinos.
Viven en el ático, con una azotea pequeña, antigua, sobre la que pasan las golondrinas, como flechas con sus gritos de verano.
El ascensor de madera acristalada, con unos cables delgados, en su lento viaje, me enseñó sobre el temor a la muerte y el vértigo de las alturas, lo frágil de la vida del ser humano.
Tía Lile, por un cuerdazo saltando a la comba, de niña, acabó casi ciega, con unas gafas de gruesos vidrios, apenas distinguía las imágenes.
Escribía con un punzón en idioma “Braille”, también leía con las yemas de sus delgados dedos que descifraban los puntos ordenados, misteriosos.
Tía Nana siempre alegre, me regalaba un paquete de tabaco por mi cumpleaños, con quince, dieciséis.....vaya regalo impropio lleno de amor y sonrisa.
Era Nana la que gobernaba el rumbo de la casa, muchas veces pidiendo ayuda a sus hermanos, quizá quedó soltera para proteger a su hermana invidente, nunca escuché yo hablar de estas cosas.
Emilio era mas atípico, arquitecto y de vida azarosa con guerra civil en Madrid incluida, de la que me contó muchas cosas en largas noches de charla.
Sentía la milicia, como hijo de General, educado entre alféreces y tenientes, tuvo una vida próspera, como tantos en la España del desarrollo, aunque con la llegada de la democracia se entristeció al recordar su juventud y el desastre de la república que acabo en matanza y escasez.
La jubilación y la salud, le hicieron pasar unos años apagados, como de espectador que vaticinaba turbulencias, lástima no haber sabido trasmitirle alegría, aunque quizá son así todos los finales, tristes y pacíficos.
Tío Jesús era juez, pero juez de los de antes, riguroso, serio y ascético, imparcial y severo.
Preguntaba siempre por el colegio, como Anastasio y te daba una palmada en la mejilla, casi una bofetada acompañada de una sonrisa.
Conocí yo a Jaime de Mora, el pianista, quien al serme presentado me preguntó, dado mi apellido, si era yo pariente del juez de vagos y maleantes, me espetó con alborozo.....”era un tío cojonudo”, me metió en la cárcel cuatro días.......ante lo que sentí el orgullo de mi apellido y la rectitud de los que lo han llevado.
La mas pequeña y la ultima en marcharse hace unas horas, Mari Carmen, soltera y de buena planta, ligada al "Opus Dei" desde que tengo memoria.
Mas de una vez me sugirió que me uniera a la “Obra” ante lo que yo callaba huyendo por el pasillo, nunca me dio buen palpito eso de las sectas.
Ignoro también la razón de su soltería, de esas cosas nunca tuve noticia.
La tía Sole no era hermana aunque se crió por orfandad en la familia, tuvo una vida como su nombre, de soledad, llena de ausencias por fallecimientos, maridos, hijos, padres.
Muy menuda y de luto permanente, tan permanente como su sonrisa al mirarnos a nosotros, los pequeños.
La pobre murió en un autobús en la Calle Serrano, sentadita en la fila de la derecha, que todos fueron gente de orden.
Siento desde ayer la desaparición de una familia entera, la de mi padre, de los que recuerdo las voces, las imágenes, las manos acariciando mi cabeza.
Fueron personas decentes, esforzadas y llenas de humanidad, gente corriente y buena, sin grandes ambiciones ni deseos de sobresalir.

Quizá con estas letras, los salve un poco del olvido, junto con las fotos pequeñas y gastadas ya, para que una generación mas los repiense y conozca de sus vidas, que mis coetáneos y los que vienen detrás lean esto y conozcan de las tías y los tíos que les han dado su ser y su biología, su genética y su cariño de seres buenos, 

junio 01, 2015

El padre de la Kardashian.

Acostumbro desde hace años, a leer los titulares de dos o tres periódicos digitales, las noticias son idénticas en todos ellos, es raro que pinche en alguna de ellas, pues me voy con los años, interesando mas por la historia y menos por la actualidad.
En el antiguo "ABC" de papel, había siempre en las ultimas paginas una foto de una señorita en bikini, para deleite de los abueletes de derechas, que miraban distraidamente y se alegraban el ojo, antes de pasar a las paginas de las esquelas, con sus grandes letras negras recuadradas en rectángulos fúnebres, escuetos.
En algunos periódicos ahora, casi un cuarto de los pinchazos son de temas relacionados con la actividad sexual, con atractivas jóvenes de melena lacia, consejos para triunfar en el amor, para complacer a la pareja, suele venir después de los deportes, es decir del fútbol que no hay gran variedad en esto.

He reflexionado hoy sobre un nombre, sobre el que mis ojos se deslizan hace tiempo, al deletrear....LA KARDASHIAN.
Me acostumbré ya a asociarla con una maciza morena que aparece ligera de vestuario, a veces recostada, a veces como de ir a la playa.
El caso es que como es una inspección rápida de la actualidad, nunca he sabido si es una artista de circo, o una candidata de un partido emergente, quizá una imputada por corrupción como la Pantoja, pero mucho mas sonoro, 
"la Kardashian".
También hace meses sin meditarlo, la asocié con la Obregón, algo parecido, así que concluí que seria biólogo y casada con un conde, aunque no fuera Lecquio, que eso si lo hubiera yo conocido.
Hoy por fin, mi dedo ha pinchado sin compasión la pantalla del "Ipad" en un titular que reza....


Así que me he informado puntualmente de toda la parentela, que se dice las Kardashian y tienen madre y padre fallecido.
Este “transformer” es padrastro, no padre y era atleta, el caso es que también tuvo hijos, aunque no se llaman Kardashian como el fallecido, faltaría mas.

La próxima vez que entre los rótulos en negrita, relatando los desvaríos de a diario, vea el apellido de la moza, pensaré en su progenitor el abogado de Simpson, su madre como de “azúcar moreno” su padrastro el atleta y su hermana de la que desconocía incluso de su existencia, también morena pero menos conocida.
El saber no ocupa lugar, aunque alguna de mis neuronas es desde hoy la neurona Kardashian, así que con cada nuevo releer de sus logros, mi neurona me relatará de sus ancestros armenios, el crimen de O.J. Simpson, “azúcar moreno” y el padrastro atleta, ahora hembra escotada que compite junto con otras en las fotos.
Recordando el diario Pueblo, o el Ya, el ABC e Informaciones, con sus noticias sesudas y sus artículos de opinión de gente estudiada, me pregunto, si no se fusionó el Hola con el Marca el Playboy e incluso el Mundo Obrero, con unas gotas de La Codorniz.

En el ansia por vender, la prensa se ha convertido en un negocio pintoresco, que desde mañana llamaré gacetilla o panfleto, aunque confieso que buscaré con avidez a esta chica de apellido armenio y a su familia tan interesante, como sorprendente.