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julio 29, 2015

Primera guerra púnica.

Con el anuncio del otoño, después de los habituales cambalaches en Cartago y en Palermo, también en Siracusa y en tantas islas que ni tenían nombre, recalaron en Sidon para la invernada.

Las noticias de los puertos eran alarmantes, los romanos no paraban de construir trirremes en Livorno y Nápoles, además de alistar mas y mas legiones.
El choque con los cartagineses parecía inminente y empezaría en Sicilia, que los ciudadanos de Roma querían en exclusiva por su trigo y su vino.
Con la rutina de la parada se pasaron los meses fríos, mucho trabajo en la embarcación, casco y velas, también las jarcias que sufren mucho con los vientos.
Que decir del almacén, que las caravanas no descansan pues en los desiertos se navega mejor con el frescor de las noches largas de invierno.
No pararon de entrar mercancías de la India y de la Arabia Feliz, de Babilonia e incluso de Persia, país lejano que yo tenía por el mas fantástico por las historias de los camelleros.
El caso es que con la primavera, cuando la embarcación, lustrosa y con nuevas velas parecía querer echarse a navegar sola, el amo nos comunico que no era seguro aventurarse por el mar de Sicilia ni por las Pityusas, tampoco por los puertos del norte de Egipto, la guerra había comenzado y tanto unos como otros, apresaban las naves y las mercancías, esclavizando a las tripulaciones, a veces sacrificándolos a todos.
También los piratas aprovechando el caos. se atrevían con nuestras barcas, a pesar de las amenazantes trirremes nuestras, que recorrían las costas diezmándolos.
Ya por junio el amo nos ordenó navegar hacia el norte, por los puertos cercanos y con mercaderías de poco valor, que son tierras pobres y de salvajes, que poco pueden ofrecer de valor para la avaricia de un comerciante semita.
Llevamos cedro de las montañas del Líbano, unos palos largos y derechos con un olor a resina que nos mareaba a todos, para cambiarlo en Byblos por ese papel moderno que ellos hacen con la pulpa de la madera.
Hicimos buen provecho en Chipre, pescado en salazón de Tiro a cambio de aceite de olivo y un enjambre de cabecitas talladas en piedra. 
Con el ir y venir a estos puertos cercanos, nos llego de nuevo la otoñada y el desesperante trabajo.
A pesar de mis lamentaciones, el mar era mi casa, las tierras lejanas y el susurro de las olas en el casco mi canción de cuna.
En aquellos tediosos meses me acercaba a los astilleros reales para ver los costillares de las embarcaciones de guerra, esbeltas y con un afilado espolón de bronce en la proa, que tanto daño hacia a las naves de piratas romanos y griegos, que todos quieren lo mismo, aniquilarnos y hacerse dueños del mundo, que son un pueblo de tiranos.
Mi amo me dejaba corretear por la ciudad, se apiadaba de mi orfandad, apenas un niño solo en el mundo, también por el recuerdo de mi padre que tan fielmente le sirvió, llenándole de oro, hasta aquel desdichado día en que el poniente, desencuadernó la gran nave hundiéndola en el misterio de lo desconocido, simplemente desapareció con sus veinte hombres.
Recordaba con frecuencia a la chiquilla de Carteia, estaría ya mas grande, mas esbelta seguro, la imaginaba por las callejas rumbo el puerto, aunque apenas podía imaginarme su rostro.
Las noticias de la flota del rey eran malas, en Messina habían desembarcado tres legiones que asolaban a nuestros feudos y a los de Cartago, nuestra tradición no sabia de tropas en tierra, aunque Amilcar reclutaba íberos númidas e ibicencos, famosos por sus hondas certeras, para embarcarlos hacia Sicilia y presentar batalla a los usurpadores de nuestras costumbres.
El amo me anuncio que era mejor estarse quietos, que el no es de arriesgar la bolsa ni los tesoros llegados en abundancia de oriente.
Así que me desesperaba en mi lecho del almacén, mientras pensaba que mi vida seria una continua rutina de trabajos sin interés, puertos sin aventuras y escaso de amor, que en Sidon las coyundas se hacen por conveniencias y un pobre diablo como yo, ni tan siquiera a una mediana esclava podría optar.
Muchas noches pensaba enrolarme en una nave de guerra, a fin de salir de aquel marasmo de aburrimiento y escasez de aventuras.
Soñaba con navegar hacia el lejano oeste y saltar a tierra en cualquier puerto de los íberos e ir a buscar a la chiquilla, era como una obsesión que se acrecentaba en con el frío y los chubascos de aquel tedioso invierno en Sidon.



julio 20, 2015

Melancolia de adolescente.

Es el apogeo del verano, aunque nunca supe a ciencia cierta los nombres de los tiempos, que en Siracusa había aprendido de como los romanos dividían el año ingeniosamente en periodos relacionados con la luna.
Tiempo fácil para navegar, también para hacer provechosos intercambios por el Mediterráneo, aunque mi salario es ínfimo y no me importan las ganancias del amo, en su covachuela allá en Sidón, llena de sacos y mercancías de todo el mundo conocido.
Nuestra etapa mas lejana esta vez había sido Gadir, donde teníamos también casa de comercio, la mas extrema antes del gran mar que no conoce nadie.
Eran días fáciles y previsibles, sin grandes olas ni vientos traidores.
Apenas una parada de dos días en Claudia Baelo para cargar cien ánforas llenas de garum, que producen un olor desagradable a pescado podrido, a pesar de estar selladas.
Una jornada mas y fondeamos frente a Carteia, al final de la bahía, donde el patrón vendió toda clase de baratijas griegas y telas de oriente, también especias de Arabia.
Apenas bajaba yo en los fondeaderos, que el trabajo a bordo era mucho y la disciplina estricta, pero hete aquí que en mi corto paseo por el mercado, me quede prendado de la mirada oscura de una chiquilla que fisgaba por los puestos de la mano de su madre.
Nunca había sentido una turbación semejante, la seguí por un tiempo, admirando su esbeltez bajo la túnica, casi me desvanezco cuando ella volvió la cabeza y sonrío con unos labios rojizos que me parecieron el paraíso, la mirada todavía mas negra y sugestiva
La perdí por unas callejas a las que mi amo me tenia recomendado no entrar en ninguno de los puertos.
Esa misma tarde con los remos pusieron la embarcación en facha, mas cargada si cabe con otras cincuenta ánforas de aceite y tres chivos grandes.
La tarde era sofocante y sin viento, remaron despacio por la bahía hacia la punta de Calpe,
Al asomarnos al estrecho, apenas una ventolina junto a la corriente, nos empujaba perezosamente hacia el norte, camino de Malaka nuestra próxima escala.
Al ponerse el sol, salta un aire de poniente tórrido  que trae las calenturas de esa tierra verde que veo a distancia, con grandes montes que supongo yo están llenos de salvajes, le llamaban Iberia a todo aquello.
Los gritos del amo le recordaron su obligación de revisar la estiba de la carga y tensar las escotas que lo aseguraban todo, mas de una nave se había hundido al moverse la carga y quedar escorada, pereciendo todos sus tripulantes.
Al subir de la bodega, el viento arreciaba y nuestra “gaula” con su mascarón de proa, una cabeza de caballo relinchante, surcaba la costa ligera, el sol a punto de ocultarse teñía toda la escena de una luz mágica y cálida.
Me arrellané a popa sobre unas velas viejas, mire la estela blanca y las columnas de Hércules que se alejaban, junto a la mirada de la chiquilla, por occidente.
Pensé sobre mi vida, mi temprana orfandad de una madre de la que no recuerdo ni las caricias, la desaparición de mi padre en un temporal de levante en estas mismas tierras de los íberos, nadie se salvo y tampoco hubo rastro de la panzuda “tika” que así se llamaba la mejor nave del patrón.
Desde los seis años he andado primero de grumete y luego por toda la escala del oficio de la mar, aunque nunca he remado que eso es cosa de los esclavos nubios.
En poco tiempo seré piloto y algún día patrón, que el amo me tiene querencia, imagino que mi vida será un ir y venir por los mares que ya conozco tan de memoria, llevando y trayendo baratijas aceite y algo de metales, el mismo horizonte azul curvado y los mismos vientos a veces adversos, otras criminales.
Miro con melancolía los lomos de unos delfines que siguen nuestra derrota, cerca del casco, pienso que como ellos, soy un animal del reino de Neptuno, como le dicen los latinos al dios de la mar.
Ahora es noche cerrada y refresca, junto a mi, el timonel maniobra con el remo, guiado ya por las estrellas aunque se adivina la costa, que nunca nos separamos de ella por mayor seguridad, o por si escasea el agua.
Estoy melancólico, palabra que aprendí en Alejandría, que no se yo ni mi propio idioma, de andar de Cartago a Ampuria, del Nilo a Creta, que esa ha sido mi infancia que siento que en esta noche, definitivamente queda atrás.
Pienso en la mirada de la chiquilla y en mi deambular por los mares, junto a los delfines, sin una cama blanda ni una comida caliente.
Esos pensamientos creo yo, junto a otros humores que se revienen, es lo que los griegos llaman melancolía.
Mientras me adormezco con el cortar el agua de la quilla, sueño con un futuro en alguna cabaña, cerca de alguna ensenada, con una chiquilla de mirada negra, lejos de los delfines y los vientos traidores, con una cena caliente y una cama blanda, en Carteia quizá, junto a las columnas de Hércules.


julio 14, 2015

De las medusas.

Debe ser una desgracia, pienso yo, nacer medusa.
Desde niño las recuerdo en el Cantábrico, como un globito que flota en las olas, con unos tentáculos largos que laceran a los que se bañan, sin motivo ni provecho, de forma gratuita.

Mi amigo José sacó una con el remo y reventó en la barca, gritaba como un energúmeno y a todo correr lo llevaron a casa y lo bañaron en amoniaco, es lo que recuerdo vagamente de mi primer encuentro con las medusas.
Desde entonces he sido cauto con ellas, en especial con las del globito violáceo, a las que los ingleses llaman Portuguese man o' war”, nombre absurdo como todo en esta especie animal.
Digo especie, pues hay muchísimas clases de medusas, algunas gigantes, otras pequeñitas, de colores diversos, pero todas letales.
En verdad es que son bichos sin ojos ni cerebro, un poco como los calamares, de la misma materia gelatinosa, pero ni tinta tienen.
Además a nadie se le ocurre comer una medusa a la plancha, o con arroz, menos aun al espeto.
Pienso en la creación y no se me ocurre al Padre creando a las medusas, para fastidiar a los bañistas, no me cuadra.
He oído que se las comen los atunes, también los peces globo, ojalá sea verdad que tengan alguna utilidad.
Somos egoístas, aunque ahora respetamos la naturaleza, pero a las medusas???? las odiamos.
He visto a niños que las sacan con la palita, o con el cubo, para aplastarlas sin compasión y enterrarlas en la arena.
La medusa es ser temeroso y despreciable, no como los bulliciosos chanquetes o las plateadas sardinas, que decir de las lubinas o las doradas, incluso los besugos son simpáticos y no pican.
Quizá, aunque no lo mencione el Génesis, fue creado el animalejo cuando Adán mordió la manzana y nos fastidio a todos.
"Ganaras el pan con el sudor de tu frente", dijo el Creador y una vez sudado, cundo te sumerjas en las frescas olas, te atacaran las medusas que acabo de inventar.
Con el estado del bienestar los hijos de Eva van una semana a la playa, sueño de los tediosos meses de invierno, montan la sombrilla, acarrean las sillas, la nevera y los artefactos de los niños, extienden las toallas y cuando al fin se disponen a zambullirse en las turbias aguas contaminadas por las depuradoras, horror!!!! hay medusas!!!!!
Las de esta parte del Mediterráneo, son pequeñitas y marrones, de tentáculos cortos y traicioneros, deambulan entre dos aguas y hay tantas que pretender su exterminio es tarea imposible, además se corre el riesgo de que los agentes del "SEPRONA" te levanten un expediente sancionador, por aquello del ecosistema, que incluso tan odiados bichos deben tener supongo, su función en este mundo donde también hay inspectores de hacienda, políticos, estafadores y toda clase de caballeros de industria.

Así que hagamos votos para que tan nefasto animalejo, no nos amargue el descanso, libres los niños de ronchas dolorosas, libres también las orillas llenas de ciudadanos temerosos, que bastante sufrimiento nos dejó ya el invierno.

julio 09, 2015

Cosas de los griegos.

No conozco yo mucho de Grecia, aunque leí alguna vez La Odisea, también conozco de la guerra de Troya, se de Fídias y Praxiteles, cuyas estatuas dibujaba yo a punta de carboncillo en el “aula del museo”.

De la Grecia moderna solo recuerdo a Onassis que tenia un barco y una isla, era hombre que ligaba con facilidad, que así cualquiera.
Nunca fui de turismo, aunque alguna vez he soñado yo pasar unos meses impulsado por los vientos de nombres antiguos, en una goleta de blancas velas, recorriendo esas islas cuyos nombres todos conocemos por los folletos de anuncios de viajes a granel, que nunca haremos.
Aunque hemos tenido una reina griega, no ha habido en estos años novedades de por allí, parece que los coroneles echaron a esta familia de reyes, así que permanece el antiguo país lejano y brumoso, sin noticias, allá por oriente.
El caso es que recuerdo aquella película ya antigua de "Zorba el griego" y bailaban en corro agarrados de los hombros, delante de una taberna en un muelle, frente a un mar calmo, azul turquesa.
Tienen la costumbre de romper los platos contra el suelo, aunque ese creo que es el derroche mas nimio que practican en la actualidad.
He aquí que desde hace meses, parece que todos viviéramos en Atenas, esto es un sinvivir, es una tabarra diaria, el consuelo es que ya no se habla de Cataluña, como si no estuviera de moda que lo ultimo, es Varufakis y los dineros que desaparecieron, lejos, hacia el Peloponeso.
Por lo que yo pillo de aquí y allá, parece que esta gente debe un perraje, claro está que se lo han gastado y como son pobres, no lo pueden devolver.
Lo poco que devuelven, les hace mas pobres, con lo que los prestamistas se exasperan y les piden mas ahorro, pero es difícil salir de pobre, incluso sin gastar.
No se les ocurre, hace unos meses, mas que poner a unos a gobernar que gritan e insultan a los que les dejan las perras, lo cual es humano pero no muy razonable.
En la ultima semana ya no hay un duro, solo algunos billetes que escupen los cajeros automáticos, posiblemente comprados también a crédito.
Mientras veo yo que los griegos siguen sentados en las terrazas, son gentes de rostro noble, mediterráneos, de charleta y vaso de vino.
Como se jubilan jóvenes, pasan media vida en este dulce ocio que el buen clima y la baratura de los bares provocan.
En estas, después de mucho ir y venir a Bruselas, les preguntan a los descendientes de Pericles que prefieren, si apretarse el cinturón y ponerse a trabajar, o seguir en los bares pagando las tapas, con los prestamos de los esforzados y estúpidos alemanes, polacos, lituanos....
Sus vinos con aceitunas les ayudan a meditar sobre las cuestiones filosóficas, que aquella es la patria de Platón y Sócrates, la verdad es que es la suya, vida mas interesante que apretar tuercas en una cadena de montaje hasta los setenta años.

De manera que esta noche, en esa plaza que sale todos los días en la tele, se agolpan muchos al fresco de la noche y cantan y bailan, ese mismo baile que hacia Anthony Quinn haciendo de pescador de las islas del Egeo.
A mi me importa un rábano todo esto, pues ni pincho ni corto y nadie me pregunta sobre mi parecer, así que me voy a dormir tranquilo.
Por unos instantes pienso en que casi todos estamos endeudados, unos mas que otros, los americanos de forma pavorosa. Solo se salvan los chinos que venden barato en sus bazares y ahorran a diario.
Si en el juego se hacen trampas, siempre hay alguien que se enfada y da un puñetazo en la mesa, a veces se llega a las manos.
En el mundo, como en el colegio, hay tramposos y también sablistas, con lo que los griegos han sableado a Europa y nadie sabe que hacer ahora.
Se apela a la democracia mas antigua y a la cuna de la civilización, como si aquellos hombres tuvieran algo que ver con estos, a excepción de vivir en el mismo sitio.
Total que éramos pocos y parió la abuela, sobre la alerta roja por el bochorno, la anaranjada por el terrorismo yihadista, la amarilla por la difteria infantil, esto es un sinvivir, que se suma a lo de los griegos que no pagan ni en broma.

Mientras ellos, mas listos, bailan el sirtaki en la plaza esa y charlan en los bares después de romper los platos, además este verano, navegarán por las islas del Egeo en esos antiguos barcos de velas blancas suavemente hinchadas.