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octubre 15, 2015

En la punta de Europa.

Punta Europa es un sitio singular, donde el continente y el peñón se acaban, alto sobre el cruce de los mares.
No es muy frecuentado el sitio, que los que viene aquí es mas por alijar sin impuestos y así evitar a Montoro, ministro de sonrisa permanente en su boca, que expresa creo, la burla a que nos somete el estado confiscador.

Es paraje para dar un paseo lento, de levante a poniente, del Mediterráneo a la Bahía, para mirar el estrecho de través y ver los barcos, que van y vienen, tarareando la canción de Ottis Reading.
Siempre me sorprende la fea mezquita con su altísimo minarete, financiada por los sauditas, donde estuvo la advocación de la Virgen de Europa.
Pienso como andamos en esta tierra vieja, que nos vendemos con facilidad y se nos consumen la tradición y las costumbres de nuestros mayores.
Me voy del lado del acantilado y observo el mar, oscuro que el día es grisáceo, unas barcas pescan, al fondo varios cargueros fondeados, en el horizonte las siluetas desvanecidas de los barcos que cruzan hacia el Atlántico.
Cuando mas beatífico esta mi espíritu, una pareja en la que no había reparado, me pide que les fotografíe, ofreciéndome un teléfono negro y feo, donde pone Samsung.
Me dan las gracias, y retomo la mirada al agua azul, apenas hay olas, aunque se escucha su rumor y se huele su aroma.
Al poco otra pareja me solicita otra foto, esta vez con una cámara pequeña, me explica cual es el botón, pensará que soy idiota, así que actúo y les tomo tres o cuatro, me dan las gracias y me voy antes de que lleguen mas parejas, el sitio es solitario y no quiero mas sesiones fotográficas.
Me encamino despacio hacia poniente, de donde llega el viento, fresco y constante, con la Sierra de la Estrella al fondo entre la bruma.
Miro mas buques, también fondeados esta vez en la bahía, la mayoría petroleros, con sus viejos cascos miniados de rojo bermellón.
Hay un gran cañón del siglo pasado, que aquí la historia es de sitios y abordajes, de murallas y matacanes, aunque ahora es lugar de comercio y trapicheo, los tiempos heroicos quedaron atrás.
De refilón, adivino la pequeña Bahía de Rosia, donde desembarcaron a Nelson ya cadáver, aquí lo metieron en una barrica de ron y lo mandaron a Londres, donde esta subido en una columna en una plaza a la que llaman “Trafalgar Square”.
Al menos pienso, nos lo cobramos a cambio de Churruca y Valdés, aunque fue una gran derrota que muchos conmemoramos, el 21 de cada octubre.
Me dispongo a apretar el botón de arranque de mi montura, cuando observo a un par de “hebreos” que se bajan del autobús, aquí hace parada final, corretean hacia el faro, rojo y blanco, con su linterna en la cúspide.
Son ortodoxos pienso, el lleva levitón negro por bajo de las rodillas y ella parece una monja, con sayón oscuro, aunque el pañuelo a modo de turbante es estampado en tonos azules.
Los observo con curiosidad, el se atusa las coletas que le cuelgan de las sienes, a las que el viento se empeña en enmarañar, lleva un gorro negro en la coronilla, creo le llaman la Kipá, hablan un idioma extraño que supongo será lo que hablaban los fenicios hace ya milenios, en estas mismas costas.
No puede ser!!!! la monja se acerca y en correcto ingles me pide que les haga una foto, alargando la cámara, el ni me mira mientras se trabaja las coletas con unos dedos nervudos, blancos, como sarmientos.
Tiro un par de fotos y le pregunto, de donde son, la respuesta es, de Londres, pues vaya……...
Nada sabrán estos de Nelson ni de Churruca, que ellos son como los cananeos, de comprar y vender y no meterse en aventuras.

Ante la perspectiva de ser asediado por mas parejas con ansias de inmortalizarse en la Columna de Hércules, meto la primera y dejo atrás a la Virgen de Europa, la siniestra mezquita y las parejas que me acosan.
Por el espejo a la espalda, el estrecho en la niebla y los barcos fondeados, en reposo, sobre un mar encalmado de un color profundo y antiguo, como de batalla naval en octubre, que esta era la luz cuando aquello de Trafalgar, hace ya unos años. 

octubre 04, 2015

Las cosas que pasan.

Después de un verano recluido, que los calores son malos para el motorista, se me pone esta mañana en el magín irme para Ronda, por Gaucín, quiero ver el campo y las sierras, que aquí no hay museos ni teatros, solo las sierras.
No llamo a nadie, que desde que se fue Manolo con su Harley negra, se nos ha quedado como un despego, como una desgana de reunirnos y notar su ausencia, así que arranco el motor, ligero de ropa que el aire esta templado y sin viento.
Me propongo ir despacio, viendo las cosas, sin tener que frenar en las curvas y sin darle al puño en las rectas.
Ronda no esta lejos, menos de cien kilómetros pero hay!!! mas de mil curvas, baches y riesgo de animales que te la pueden jugar, incluidos los hombres con sus veloces autos.
Recuerdo a Ruiz Mateos al pasar por La Almoraima, ya se murió y quizá mire ahora desde el mas allá, estas tierras expropiadas por el ministro Boyer, me acuerdo de la China ahora con el escritor y sonrío al pensar en lo banal de nuestra existencia, frente a la rotundidad del valle por donde esparzo el ruido de mi escape, entre cultivos de algodón que me hacen recordar la nieve, tan lejana ahora de mi vida.
Con estos filosóficos soliloquios, paso Jimena de la Frontera, miro su alcazaba en lo alto y me concentro en las primeras curvas de la subida a Gaucín.
Me siento en paz y mi mano controla el acelerador con prudencia, va a ser un camino armonioso, de pronto, el parabrisas del carenado golpea un insecto que se incrusta entre el forro del casco y mi sien.
Ya ha ocurrido otras veces, al instante el pinchazo, una avispa.
El temor quizá pueril a que el veneno me aturda, me hace frenar con prisa y apartarme a un carril a la derecha, pongo la pata de cabra y me quito el casco de un tirón, se caen las gafas de sol junto al cuerpecillo de la avispa, me tiento y extraigo el aguijón con parte de de las asaduras pegajosas, que impresión tan tétrica.
Me ensalivo los dedos y me doy masaje en la sien, una y otra vez, el dolor es intenso y decido encender un pitillo.
Por el carril llega un Land Rover del que se apea un pastor con su cayado, le pregunto si viene ganado y me espeta que mas de cien vacas.
Retiro la moto imaginando una estampida y charlo un rato con el.
Son retintas, solo comen pasto y ahora, las suben a la sierra, donde hay mas comida y muy pronto bellotas de alcornoque, al poco la esquila de una vaca y toda la manada al trote aparece, con los terneros y algunos toros, todos rojos como animales de cobre oxidado.
El vaquero corta la carretera y poco a poco, con la distracción de ver el ganado, olvido el dolor del aguijón.
Las vacas se alejan en una imagen como de película del oeste, miro la hora y me apresuro que querría comer arriba en Ronda.
Conozco bien cada roquedo y cada cruce, cada puerto y cada venta, me acuerdo de las paradas con Manolo y los otros, una caña, un pitillo, hoy no quiero parar sino en un valle de laderas de caliza que recuerdo casi al final del camino.
Tal es nuestra mente, que nos engaña, ese valle silencioso que yo esperaba, esta camino de Grazalema, me doy de bruces con unos adosados feos, estoy en Ronda.

En el “tajo” no se cabe, los visitantes van y vienen, bastante mayores y vestidos de turistas, miran embobados el precipicio y disparan fotos con un ruido que rompe el silencio, cric cric cric!!!........algunos con un palo, se toman un selfie, que así creo se llama, se contorsionan de espaldas al vacío para que la instantánea sea mas impresionante, da miedo verlos, una pareja de japos me producen incluso vértigo, están locos.
Me voy al rato, no quiero comer aquí con tanto personal, después de la soledad durante mi camino de subida.
Bajando a Marbella me paro en un ventorro donde hay multitud de motos, es sábado y los kamikazes toman allí sus cañas antes de lanzarse de nuevo a las curvas, arriba y abajo, que ya los conozco de antiguo y todavía, por  milagro, viven bastantes de ellos.

Bajo despacio hasta que ya se ve la costa, las casas de La Zagaleta y atrás San Pedro y el mar fundido con el cielo, como un telón de fondo.

Por el desentreno del verano, tengo los dedos anquilosados, cansancio en los muslos y algo de dolor en la espalda, así que es tiempo de comer algo y dar por concluido el paseo. Cada día trae su afán y esto es lo que trajo el segundo de octubre.