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septiembre 23, 2016

La muerte del viejo.

La muerte del viejo ha echado mi vida por tierra al conocer las nuevas.

Han llegado ya los factores de Tiro y de Biblos, que se harán cargo de nuestra casa de Sidón, están planeando cerrarla y operar desde otras ciudades, trasladando las tres embarcaciones a Tiro donde hay ya una flota de cinco, algunas de mas porte.
Nos licencian a todos y me dice el patrón, que me vaya con el a Cartago, donde hay muchas naves carentes de tripulación.
Yo no quiero vivir en el mar, le digo, no quiero vivir así.
Pasados los días han venido mas agentes, de Jerusalén y de Creta, también de Egipto y hasta de Malta, yo ignoraba que esta factoría es parte de una gran tela de araña donde el viejo era solo un hilo, una malla que ata todo el Mediterráneo.
En todo caso el sanedrín de los factores que también ha venido y que representa a otros de todos los rincones, ha ratificado el cierre del esta casa, que tiene, creo yo, mas años que el mismo Sidon.
Mientras tanto, en el almacén, a diario, se sirve comida para todos los venidos de tantos lugares, se alargan las sobremesas, al tratar del futuro de los negocios, se habla de la guerra y se maldice a los romanos que nos han despojado de Cerdeña y casi todas las ciudades en Sicilia.
Las conversaciones se hacen mas confusas por el abundante vino de Creta y de la Turdetania que estos ancianos beben sin mesura.
Al oscurecer se van a sus rincones a reposar, aunque algunos han traído a sus concubinas, jóvenes la mayoría, que algunas me han observado sin recato hasta ruborizarme.
Los días pasan y ha llegado el de dar tierra al viejo, de nombre Baal e hijo de Baal y nieto de Baal.
Ha habido una gran ceremonia en presencia de su féretro de cedro, en el templo de Melkart donde viven los sufetas y las sacerdotísas de Tanit, luego le han encomendado a todos los dioses, en las afueras, en la nueva necrópolis que la vieja esta ya llena de fenicios antiguos.
Al volver a los almacenes, una de las criadas, de mas años que Matusalén, me ha susurrado que vaya a verla al anochecer, junto a nuestra nave varada en la arena.
Adonia, que así se llama la criada mas vieja de este mundo, ha llegado con su paso corto y vacilante, junto a la proa del “Reina del Líbano” con su mascarón de caballo relinchante en la proa.
La anciana me ha espetado sin mas, que le entristecía la muerte de mi padre.
No he reaccionado pensando que chocheaba, que mi padre, es sabido, murió al poco de yo nacer, de naufragio en las columnas de Hercules, como ya relaté anteriormente.
La Adonia que es muy larga y no le falla la razón, inmediatamente me ha soltado como un rayo, Baal era tu padre.
He sentido como un mareo, de tantas interrogaciones que me vienen a la cabeza, la Adonia me empuja levemente y hace que me siente en la arena, esta fría y viscosa, también yo noto ahora el frío de la noche.
Con su voz aguda, me relata de como fui engendrado del vientre de una esclava íbera, traída por la misma nave bajo cuya borda estamos, hace ya quince inviernos.
El viejo había tenido varios hijos antes, sin haberse desposado nunca, así que los fue despachando a otros puertos, que no los quería ni ver junto a el.
Conmigo ocurrió diferente, dijo Adonia, que me tomó querencia por mis buenas formas y hay!!! por haberse enamorado hasta el tuétano de mi madre a la que idolatró, durante los escasos meses de su convivencia en Sidon.
A la muerte de mi madre, el viejo se sumió en una depresión, pedía que me llevaran a su presencia y se quedaba mirando embobado la cesta que contenía mi cuerpecillo arropado.
Con el tiempo, rehizo su vida aunque nunca se le vio reír nunca mas, así lo conocí yo, seco y sin sentimientos de ser  humano.
Parece que me espiaba en mis primeros pasos e incluso me asegura que me acariciaba, quedándo luego como ido.
A los pocos años y cuando ya fui un mozo de nueve años, me ordenó embarcar, dejándome al cuidado del patrón para que me instruyera en letras y cuentas, además de astronomía y otras ciencias.
Quise preguntarle a la anciana por mi madre, tenia yo algún hermano?
La vieja me mandó callar llevándose el índice a los labios, todo lo sabrás a su tiempo y con calma, ahora ve a descansar.
Al alejarse de la orilla, se vuelve y me dice con voz muy queda, Baal ha dejado para ti unas piezas de oro, guarda el secreto y no digas nada de esto a nadie, ni tan siquiera al patrón.
  


septiembre 20, 2016

José, mi amigo.

Parece que mi sino es escribir del pasado, supongo que es normal siendo este ya tan dilatado y bastante fecundo, además de lleno de contrastes.
Esta tarde nublada de septiembre, me llega un mensaje escueto de mi hermano....”José esta  para no mas de una semana”,
Me ha entristecido mucho, sobre el ya lánguido atardecer de cielo plomizo.
Crecimos juntos, desde niños, en que con su hermano, íbamos a pescar al mar, que el mar era el Cantábrico, no sabíamos de otro sino por los libros del colegio.

Tenían una barca de remos con una raya azul delgada a lo largo de la borda, pescábamos chipirones con potera, aunque yo recuerdo una tarde en la que guisamos unos mejillones cogidos en las rocas, en una salsa marinera, con pan rayado para espesarla un poco.
Desde esa misma barca, cogió con el remo una medusa de esas violáceas con forma de globo, que le estalló entre las piernas, le metieron en una bañera con aguarrás entre gritos y sollozos.
José es tragón desde niño y lo recuerdo engullendo los mejillones, grandes con su concha negra que hace de cuchara.
Mi madre me dijo un día.....no me gusta que vayas con esos chicos tan mayores...el caso es que nos hicimos inseparables.
Su madre, ya de estudiantes, me reprochaba que los revolucionaba, les diría, no me gusta que andes con ese tan pequeño….las madres….
Lo recuerdo en los primeros lances con las chicas, el era alto y un poco gordo, quizá algo patoso, el caso es que no tuvo grandes éxitos en lo que yo recuerdo, que las niñas estaban mas pendientes de los fantoches y Jose era de rostro noble y conversación seria.
Aprendió a tocar la guitarra, rasgueo y esas cosas, el caso es que la primera canción de Bob Dylan la escuché en versión suya, en el mirador, tarde a la noche en aquellas escapadas inocentes, “Time are changin”. 
Fines de semana de deporte juntos y luego meriendas en California 47 de tortitas con nata, siempre glotón, a veces en su casa de la Calle Génova donde aquel ascensor decimonónico que sube solo al primero.
Su perro “el moro”, un buldog negro que babea y ladra furioso, parte ladrillos con las muelas y a mi, me atemoriza.
Ya de estudiantes, interminables amaneceres hablando de religión o de física cuántica, frente a la fuente de mahonesa y el pan para mojar, que estudiar da hambre, José siempre tan glotón.
La primera vez que escuché la palabra “antimateria” fue también de sus labios, el sabia mucha física y a mi me gustaba que yo mayormente estudiaba física estática, el hablaba de las galaxias y la materia oscura, es creo yo un poco poeta.
Memorable el día en que invitamos a Miriam a cenar en Ramonene, un caserío en el monte, con precio de estudiante, pochas angulas y postres de hojaldre, que José era glotón....al día siguiente le pregunta a la invitada que le gustó mas de la cena y ella, tan educada.....responde, “vuestra compañía”.
Ahora al recordar a Miriam pienso en lo mal que acabo, acabo muy mal, esto es como una carrera de obstáculos y vamos tropezando y levantándonos, muchos ya no lo hacen.
En aquellos años hicimos cosas prodigiosas, como ir muchas veces de madrugada a encender la fuente de las cuatro estaciones, en Recoletos, ir a romper el hielo del lago del palacio de cristal, en El Retiro, a la berbena de San Antonio antes de amanecer, tantos chocolates en San Gines….!!!
Jose hacia una cosa muy graciosa, dejaba el coche en primera al ralentí y se bajaba corriendo junto a el, gritando PEDRO TERGAL!!! según un anuncio de camisas de la época, que el imitaba, luego abría la puerta y se subía de nuevo, maniobra que hoy en día esta creo yo, penada con cárcel y gran quebranto económico, era Jose tan con ganas de divertirse, de forma siempre tan inocente.

Asistí a su boda, en uno de esos pueblos que se llama no se que de Cameros, que hay varios.
En el hotel, hace frío y su padre llama a recepción y dice que tiene frío....lo siento señor no podemos hacer nada.....bueno pues quemo los muebles contesta.
Al instante le subieron una estufa de esas de butano, el caso es que me recordaba mucho a su padre, al que quise casi como al mío.
Como su padre también gustaba de vestir con pantalones y camisa de Mahón, con sus alpargatas, como de pescador, hombre elegante y sin afectación, hay ahora tanto mamarracho.
Incluso me arrastró hasta casa en una borrachera infantil involuntaria, recuerdo le decía “cuidado José que derrapamos” mientras me asía de su brazo al doblar la esquina.
El matrimonio fractura las amistades, es normal, así que nos vimos con menos frecuencia.
Como todos tuvo éxitos y fracasos, luces y sombras, pero cada vez que le vi en estos años conservaba esa mirada de cuando me hablaba de la antimateria, una mirada limpia y esperanzada.
No creo que le vea mas, pero quisiera que estas letras las sintiera ahora mientras duerme, que le dará la risa de tantas cosas divertidas, que le saldrá una sonrisa de tantas cosas bonitas, estas ya las tenemos en común para siempre jamás, que suerte y al tiempo que lastima no haber compartido mucho mas tiempo en estos años en que la distancia, ha hecho infrecuente nuestros encuentros.
Ojalá el recado de mi hermano sea solo una caída mas, el se ha levantado de muchas, siempre airoso y con su mirada limpia.



septiembre 13, 2016

Heródoto.


Nunca había yo pensado en el pasado, el pasado para mí eran los recuerdos de la infancia en el puerto de Sidón, con los niños que pescan peces y recogen mejillones y lapas.
La primera vez que me llevaron ante al viejo y me miró fijamente diciéndome, que me tomaba a su servicio, mis años navegando por el mar aprendiendo el oficio, eso era el pasado para mi.
El pasado también son las imágenes de las ciudades y las mercancías, las olas permanentes y las noches arropado mirando el cielo negro moteado de estrellas.
Así que después de desarbolar la embarcación y guardar los aparejos, vino el invierno aburrido, rutinario, ordenando los cobertizos y ocupándonos de las tareas de la cocina y la limpieza, que el amo es muy maniático en esto de la pulcritud.
Este año el viejo acostumbra a convocarnos a todos al atardecer, después de la cena, sentado en su gran silla de madera labrada, que le hace parecer un patriarca con sus largas barbas y su gorro griego.
Hacemos corro en los colchones rellenos de heno y nos arrebujamos para escuchar la lectura de las historias de Heródoto, son los papiros misteriosos que compró el patrón en Alejandría.
Heródoto fue nacido de la nación de los griegos, en la costa de Asia, en Halicarnaso.
Parece que huyó por alguna revuelta y se dedicó a viajar y a escribir sobre los sitios y de lo que en ellos ocurrió antes de que yo naciera, antes de que naciera el viejo e incluso el padre y el abuelo del viejo.
Las historias nos hipnotizan, que hablan de guerras y conquistas, de costumbres y dioses, de amores y traiciones, cosas que han ocurrido en todas estas naciones y ciudades por las que navegamos y otras de las que he escuchado e imagino lejanas y sin mar para llegar a ellas.
Nunca he conocido antes de los medos y los persas que según el relato se enfrentaron para formar ese gran imperio, que más tarde asoló a los griegos.
Ahora entiendo por qué Alejandro y su padre Filipo los odiaban y lucharon hasta matar a sus reyes y tomar sus tesoros y desposar a sus mujeres.
Nunca supe antes donde estaba el Ponto Euxino, los Hititas, los habitantes de las aguas arriba del Nilo, al que llaman azul, la nación de los libios y los pueblos árabes que comercian en unos mares lejanos que van a la India.
Los misteriosos "pueblos del mar"que se mezclaron con los cananeos, nuestros ancestros y nos descubrieron la construcción de las naves.
He escuchado yo estando en Gadir, de Tartesos, el reino desaparecido que yo pensaba era una fábula, me sorprendió el relato sobre su anciano rey Argantonio y su oferta a los foceos para que mudaran a sus tierras en Iberia.
El pasado entiendo ahora, no es mi infancia, ni la infancia del viejo, que han existido en estas mismas aguas muchos niños y muchos viejos anteriores a nosotros.
Con cada noche de lectura el tiempo se ensancha y me duermo mas solo y mas ensimismado viendo, la cantidad de seres que han hecho, eso que se llama la historia y que este Heródoto el griego, relató al escribir sus crónicas.
Las labores del día me alejan de estos pensamientos, pero al atardecer ya estoy pensando en los jonios, los cretenses y los egipcios que hicieron esas pirámides que yo pensaba estaban desde la creación del mundo.
Me siento como un grano de arena en esta playa de los sucesos de los que no tenia conocimiento, no se que será de mi vida ni si yo seré parte de la narración de otra historia del futuro, para que otro aprendiz como yo lo soy ahora, escuche los relatos fabulosos de los hechos de los hombres, de sus ambiciones y sus gestas.
La próxima estación, mientras naveguemos hacia poniente, al ver las costas y las murallas de las ciudades, recordaré a Heródoto que todo lo conoció y lo dejo escrito.