Follow by Email

noviembre 25, 2016

No se de nada.

En este tiempo de ocio forzoso, he observado cosas que en mis inviernos aquí, no había conocido, ya que mis horas estaban llenas de trabajos.
He tenido tiempo para vagabundear por los talleres de los artesanos, por las huertas fuera de la muralla, también por el templo de Astarté y por el palacio del rey
He contemplado a los pescadores en sus cascarones, apenas balsas, que salen a diario con sus mallas para procurarse el sustento.
He merodeado por el mercado, con sus frutas y sus animales a la venta, un mundo de actividad fuera de mi anterior vida de las singladuras y el comercio en puertos lejanos.
Hablo mucho con el patrón, que nunca lo hacíamos en las largas travesías, es un hombre amable y juicioso a mi parecer.
Me ha explicado, de como gran parte de la ganancia del viejo, se la quedaban en palacio, otra parte en el templo y la mayor tajada, para la organización comercial de la que era solo un peón.
No entiendo yo que tanta gente haya vivido de nuestras angustias en los temporales, de nuestra desaparición en las encalmadas, de nuestro miedo en los ataques de los piratas.
He visto en el templo a sacerdotes orondos y lustrosos, de manos limpias y sin cayos, que disfrutan de las vírgenes con que también les tributan los sidonios.
En el palacio, multitud de cortesanos vestidos lujosamente que se acompañan de hetarias enjoyadas, jóvenes esclavas la mayoría.
Mientras en las calles, en los campos y en las factorías, la gente viste pobremente y se levanta antes del alba para que su trabajo, llene la andorga de tanto desocupado.
El ejército del rey, creo yo que es más para su seguridad que para la defensa de la ciudad, yo no lo he visto en mis años, pero conozco por los viejos que asirios, griegos y babilonios, han franqueado las murallas saqueando y vejando a mis conciudadanos.
El rey en estos años, es tributario del faraón, quien mediante alianza dice le defendería de sus tradicionales enemigos, así que las espaldas de estos que callejean en harapos, sostienen una estructura de poder y creencias en la que muchos viven regaladamente sin mancharse las manos.
Le razonaba yo al patrón sobre estos pormenores, también sobre nuestra vida en el mar alejados de esta organización injusta e inamovible.
No pienses sobre esas cosas, tampoco las manifiestes en público, acabarás en una mazmorra de la muralla y te pudrirás antes de desaparecer de entre los vivos.

El patrón es hombre templado y con experiencia, así que procuraré hacerle caso.
Ahora, con la mejoría del tiempo, subimos al terrado por la mañana para ver de alguna vela que se encamine hacia el puerto, el patrón sigue con su proyecto de ir a Cartago y yo creo que al ser la dirección de mi camino al oeste, me será provechoso de acompañarle.
En estos meses de tantas conversaciones, me he confiado a el contándole de mis padres, ante lo que ha sonreído manifestando que lo conocía todo, también sabe de los caudales en oro y joyas que oculto, aunque el no sabe dónde.
Me ha dicho que soy un inocente expuesto a que me robe cualquiera de los de la forja que están ya trasladando los aperos a la factoría.
Así pues, una mañana ya entrada la primavera, nos hemos encaminado a una casa de banca de un hebreo conocido de su familia.
Con la bolsa bien asida y una vez removida la losa del corredor para recuperar mis bienes, nos hemos encaminado a casa de un prestamista que tuvo tratos con el viejo, sigo sin acostumbrarme a pensar de el como mi padre.

He salido de casa del hebreo con unos papiros lacrados y llenos de textos.
Según el patrón, en cualquier banca de los puertos que conocemos, sean de Libia o de Sicilia o de Iberia, me cambiaran los papeles por oro.
Me ha llamado idiota por pretender viajar con mi dinero escondido entre las ropas, como yo le había anunciado.
No conocía yo de la banca y sus manejos, aunque si había observado que en los puertos, comprábamos y vendíamos sin que yo, viera las monedas por parte alguna.
Pienso con tristeza que desconozco el mundo para mi pesar, se de los vientos y las estrellas, de las jarcias y las cuadernas, se escribir y de números, también chapurreo los idiomas de muchas costas, pero veo que soy un ingenuo a quien cualquiera podría esquilmar.
He hecho el propósito de viajar hasta Cartago,con el patrón y tratar de entender mientras como son las cosas, una vez allí, veré la forma de encaminarme a Gades o a Carteia, mientras, seguimos subiendo por la mañana al terrado por ver de alguna vela que nos pudiera llevar de Sidon.

noviembre 23, 2016

Primera lluvia.

La lluvia es algo infrecuente por estas tierras, que son de veranos muy largos y otoños suaves.
El agua desaparece desde principios de mayo hasta muy entrado noviembre, caso de este año de gracia de 2016.
Nunca meditamos sobre las lluvias de nuestra vida, así que me da por recordar la lluvia lejana de la infancia, en verano, en el norte, al borde de Cantábrico. 
Supongo que la lluvia restante la olvidé, junto con todos los monótonos días de la infancia constreñida, bajo le techo de casa y el del  colegio.
La lluvia en verano era de botas de agua e impermeables amarillos de hule, era de tardes de cine o de jugar con los charcos las mas de las veces, que cambiaban poco de película en aquel singular "Cine Zubeldia".
Ya de adolescente la lluvia se me aparece como melancólica y aburrida, con las gotas resbalando por los cristales de la ventana, tras los visillos de esa tela vaporosa que no he vuelto a ver nunca mas.

De adultos, con los quehaceres y las prisas, no reparamos en que llueve, solo para maldecir, aunque los agricultores si miran al cielo y hacen cábalas sobre como le vendrá al cereal o a la remolacha ola lluvia es ganancia para ellos, que sin agua no hay cosecha.
Las lluvias torrenciales son bonitas, aunque hacen estragos, que construimos las casas donde no deberíamos y claro se inundan y se llenan de barro, a veces, incluso se lleva la riada las vidas de los paisanos.
La lluvia monótona es la mas aburrida, son pocas gotas pero impiden la vida normal y la gente corretea bajo las cornisas y se moja los zapatos, a las señoras les estropea el peinado y también la ropa.
Siempre me ha gustado mojarme la cara, con un capote decente y un paraguas, la lluvia es para mi una bendición.
Pienso que lo que se moja, tiende a secarse, así que me declaro entusiasta de la lluvia, mas ahora en esta tierra amenazada de convertirse algún día en desierto, aunque no creo que eso sea verdad, es solo un sacaperras.
La realidad es que solo algún breve chaparrón desde abril, hacen de este domingo un día de vísperas de grandes lluvias, según dice el WeatherPro, que es una "app" alemana y ellos son muy serios.
Cuando niño la lluvia se barruntaba por el noroeste, por el monte del "Caserío Bustiniaga", primero un viento gordo con un olor también espeso, las primeras nubes aparecen por sobre las campas y a las pocas horas.....la lluvia.
Ahora veo las fotos del satélite con la lluvia en manchas  azules, adivino mirando la pantalla del teléfono, las dehesas de Extremadura ya empapadas, mientras las encinas gotean sobre la tierra ocre.
Las vides de La Mancha, recién cosechadas se empapan mientas las nubes recorren esa tierra plana y sin limites.
Los olivos en Andalucía, con sus hojas plateadas, se limpian del polvo del verano y las aceitunas, aprovechan para el ultimo engorde y se ponen lustrosas.
Por aquí, mas abajo de la Penibética, los bosques se alegran de la nueva y alcornoques, quejigos y acebuches, estarán en unos días mas verdes y mas esperanzados de que eso del cambio climático es solo cosa de los hombres.
Ya no tengo botas de agua ni voy al cine cuando llueve, apenas recuerdo la silueta de Bustiniaga en el oeste, sobre la playa, los impermeables amarillos de hule ya no existen.

Solo la lluvia es igual que antes, quizá las gotas de la infancia son estas mismas que ahora empiezan a humedecer de nuevo mi vida.

noviembre 11, 2016

Larga espera.

El invierno está resultando largo, triste y extraño, ya no hay comidas a la luz del fuego, ni las lecturas de historia de Heródoto de Baal, ya sin voz para siempre, las sirvientas se fueron, los remeros también.
Solo el patrón y algunos criados duermen aquí, hasta que a todos nos eche el nuevo dueño, que muda su cochambrosa fragua a esta legendaria casa, acostumbrada a almacenar sedas y perfumes de oriente, oro y bronce de occidente.
Escondí mi tesoro con cuidado, bajo una losa del corredor, quién va a suponer que en un sitio tan transitado nada de valor se escondiera.
La vida monótona y sin acción me exaspera, a veces voy con el patrón a unas tierras de su hermano donde cultivan olivos y naranjos, trabajo en lo que puedo, pero no me atrae la vida agrícola.
Tiene Aaron una familia de mujer ya mayor, dos concubinas una de ellas muy esbelta y sonriente, varios hijos e hijas, todos trabajan la tierra, junto a algunos sirvientes, así que es un hogar lleno de alegría y equilibrio.

Nunca antes había conocido la vida familiar, gentes unidas por lazos de sangre que crece junta bajo la autoridad de su padre, alimentados por su amor.
Una vez mas recuerdo al viejo y maldigo de mi infancia sin una familia.
He visto en estos meses como los frutos maduran y he ayudado a recogerlos, solo cuento los días hasta que alguna embarcación me aleje de aquí.
He sido un ser sin pasado hasta hace poco, solo un huérfano sin una cara a quien sonreír y unos brazos que me rodearan, ahora el secreto revelado por la anciana me impulsa a buscar el rastro de mi madre, tendré allá en aquella costa abuelos? tíos?, quizá tenga parientes de mi edad.
De la vida de mi padre ni la vieja criada sabía nada, sólo que apareció aquí enviado desde Cartago cuando ya no cumplía los cuarenta.
Ocultó siempre su pasado e ignoraba si hubiera tenido hermanos en alguna otra ciudad.
Como nunca contrajo nupcias, tampoco crío hijos legales, incluido yo mismo, así que al expulsar de su presencia a los bastardos, me priva a mi de conocer al menos a mis hermanos.
La vieja me habló de tres, pero me insinuó que pudieran ser más.
Sabe de cierto que uno de ellos residió en Tebas donde envió a su madre, que era esclava egipcia de piel casi negra, aunque muy bella.
No paro de planear mi viaje hacia Iberia, para conocer la tierra de mi madre y ver como son los de su pueblo, como luchan y como trabajan, cual es su habla y esos bailes que ella aprendió antes de andar, oler como es la sangre que corre por mis venas.
No paro de pensar en ella, que cruel vida arrancarla de su familia, desde la tierra del sol y enviarla a esta cueva, junto al viejo avaro.
Mientras, algunas noches vuelvo a tumbarme en la tierra para mirar las estrellas, es extraño verlas sin la oscilación de las olas, miro a la que nos guía a Chipre, la que apunta al gran río Nilo, la que me llevaría a Sicilia con tan solo seguirla.

Hay una que marca el oeste, la conozco bien y no se me olvidará nunca.