septiembre 07, 2014

Sobre el arte venatorio.

Hace ya muchos años, me encaminé con mi buen amigo Gerardo hasta pasar Talavera, donde a mano derecha hay una hermosa dehesa de encinas viejas.
Provistos de un buen taco en la mochila y dos escopetas, deambulamos por el día espléndido de invierno en busca de una presa.
He aquí que una desdichada liebre se arrancó de una retama, siendo abatida por el disparo seco de mi cañón derecho.

Al ver al animal inmóvil, con sus ojitos abiertos y sus patas tiesas, sentí su fallecimiento y me pareció haber interrumpido una vida pacifica de vegetariana, quizá con familia, en tan hermoso paraje, a los pies de Gredos.
Nunca mas me he acercado a un arma, a no ser en la mili, pero fue mayormente para desfilar, que no hemos tenido guerras por aquí por fortuna últimamente.
Al vivir en el campo he reanudado mi actividad venatoria, entiendase que sin animo de hacer carne, tampoco de adquirir trofeos, que el cacerío sigue sin gustarme y me parece tonto revolcar a un animal con tan poderosas armas de fuego, digamos que me parece falto de emoción y carente de inteligencia.
Ahora cazo para defensa personal, al modo de “Cocodrilo Dundee” o emulando a “Indiana Jones”, pues no quiero bichos rondando mi casa.
Empecé con un gran sapo, de aspecto siniestro, lo aplaste con la rueda del coche, el efecto fue deplorable.

Tras aquel primer lance, me he limitado a cazarlos con una caja de cartón, trasladándolos varios kilómetros, que son animales querenciosos y las primeras veces, volvían a los pocos días.
Ha habido algunas ratas en estos años, de las que Morticia, perra inteligente, daba buena cuenta, limtándome yo a retirar los cuerpecillos inertes,
Un vecino cercano, suele alimentar a algunos gatos asilvestrados, con lo que la intromisión de ratas ha cesado, aunque algunos felinos han sucumbido en las fauces de Morticia y algunos de sus hijos, Sandro, Nera, Tutú....van ya muchos gatos y generaciones de perros cazadores.
Creía yo haber llegado a un ecosistema equilibrado, donde los gatos depredan a las ratas y los perros limitan el crecimiento vegetativo de los gatos.
He aquí que en junio, he liquidado un par de culebras, estaban enceladas e invadían mi porche en busca de unos pajarillos que criaban en un aplique de la pared.
Fue un cacerío de mucha emoción, pues el macho era de casi dos metros, la hembra mas pequeña, el arma, un palo de golf, casi como de hombre de las cavernas, la lucha por la vida.

Creo yo que la disminución de “meloncillos”, voraz mamífero que abundaba por estos bosques, ha propiciado el aumento de las bichas, aunque una pareja de águilas que crían cerca, también las depreda, que yo lo he presenciado.
Ayer, un ruido en el taller, me dio indicios de que se preparaba un nuevo ojeo, bueno esta vez ha sido caza en mano con perro.
Ayudado por Sandro, la rata ha caído en el enfrentamiento, que en esta época hacen nido y no es agradable, que crían muchos hijos estos animalejos.

Así pues con el tiempo, me he convertido en el vértice de la cadena trófica, en mi pequeño entorno controlo las poblaciones de animales silvestres y domésticos, atento a defender mi territorio, que si los veo en el campo, desde lo de la liebre, juro que no soy agresivo.
No menciono, hormigas grillos, mantis religiosas, moscas saltamontes salamandras.....eso es caza menor sin interés para esta narración .


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