Follow by Email

junio 22, 2016

La luna en el solsticio.


La luna es un astro habitual desde mi infancia, vive con nosotros, a veces mengua y a veces crece, rojiza amarillenta o blanca, no le prestamos gran atención por su persistencia.
Solo unos pocos días al año desaparece y no esta, aunque si se adivina bajo un circulo casi invisible con un halo blanquecino y finísimo.
Escuché a las mujeres de la ciudad, que era compañera de los ciclos de la mujer y de la gestación, también de las lluvias y las sequías, aunque yo creo que son brujerías y cuentos de personas sin cultura.
Nunca pensé yo en la luna hasta hace unos días, en que navegando hacia el este, desde la Tingitania, la vi salir por la proa, majestuosa, entre la bruma de un levante fresco de junio.
El piloto me había anunciado que era el solsticio de verano, la tarde mas larga antes de que la luz en la tierra empezara a acortar......“estate atento que en el crepúsculo, se pondrá el sol por popa y al tiempo saldrá la gran luna llena por proa, así exactamente como te lo digo, esto es algo que ocurre muy raramente”.
El caso es que me instalé cerca del bauprés, bajo la gran vela cuadrada, abrigado que el verano venia fresco, mirando el temblor de la primera luz que anunciaba la redondez rosada de aquella luna tan llena de misterio.
Desde entonces pienso en ella, que es esa redondez que nos acompaña a diario?, en aquel día la observe sin pestañear analizando.
Grande y pálida, algo rosada por el aire cargado de humedad, mas tarde se eleva y va palideciendo hasta que a cuatro o cinco dedos, es ya blanca y deslumbrante, con un camino de plata que desde la proa se aleja hasta nuestra patria allá en Canaán.
La miro y no se realmente,lo que sea esa gran esfera, hay unas manchas grisáceas, como de costas lejanas, en un mar blanco en que quizá naveguen otros hombres, extraños hombres como los egipcios pero blancos como la leche, que también los mares de la luna son de leche creo yo.
Se podría ir hasta esos mares de plata?, parece que no esta tan lejos, pero ni las aves son capaces de ir hasta tanta altura.
La miraba hasta que ya muy alta, sobre el mástil ladeado, me venció el sueño bajo sus rayos claros que iluminaban la costa del sur con sus montañas entrevistas, a las que llaman Atlas, que a su luz parecían nevadas en aquel verano que se estrenaba, época de esperanza y plenitud.
Al amanecer me despabile enmohecido y la busque con la mirada, ahora por el oeste, a punto de ocultarse de nuevo en el mar.
Preguntare al llegar a casa por este gran misterio, esta extraña y cercana estrella que tan de cerca nos da vueltas sin sentido alguno.

El viejo amo conoce a un sabio de Sidón que entiende de los astros y las lunas, condimenta pócimas y ungüentos encantados, aunque no creo yo que esto sea de mucha utilidad que Abnan,  que así se llama, es pobre y harapiento, que a mi parecer las esferas cósmicas no dan riqueza como el comercio o la usura que aumentan la bolsa de mi amo, que nunca mira al cielo.